At il magnam fuga. Pa velia volestem magnam sacerdote FIRMA y teólogo. sacerdote y teólogo. psicólogo clínico.


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1 2.xxx x-x de de mes junio de de PLIEGO At il magnam fuga. Pa velia volestem magnam A VUELTAS CON EL CELIBATO Luis González-Carvajal Santabárbara, sacerdote FIRMA y teólogo. Alfonso Crespo Cargo Hidalgo, sacerdote y teólogo. José María Fernández-Martos, SJ, psicólogo clínico. El celibato aparece en nuestros días como una de las realidades más originales y más contestadas del cristianismo. El historiador sabe que ha sido así desde el principio. Esta cita le sirve a Juan María Uriarte, obispo emérito de San Sebastián, como punto de partida de su último libro: El celibato. Apuntes antropológicos, espirituales y Pit volorep udipsanis quunt dipsam asitatqui pedagógicos (Sal Terrae, 2015). Se trata de una aproximación inctum velic toreperi accum vitempo sanimil interdisciplinar al tema desde aquellos saberes con los que está ipsum qui voluptis familiarizado el autor (antropología, teología, espiritualidad ) y desde su experiencia en el trato pastoral con muchos célibes. Aprovechando la reciente publicación de su obra, tres de ellos nos ofrecen algunas claves de lectura de la misma, al tiempo que profundizan desde diversas perspectivas en la siempre compleja y debatida cuestión del celibato.

2 PLIEGO LA AGONÍA DEL CELIBATO APOSTÓLICO EN UNA CULTURA EROTIZADA Luis González-Carvajal Santabárbara Nadie piense que con este título quiero dar a entender que el celibato apostólico está dando las últimas boqueadas y tiene los días contados. Empleo la palabra agonía con el significado que tiene en griego y admite también el Diccionario de la Real Academia, aunque en penúltimo lugar: lucha, contienda ; porque el celibato ya no es un estado de pacífica posesión suponiendo que lo haya sido alguna vez, sino un estado de combate permanente con la cultura dominante. Estas páginas me las ha sugerido la lectura del magnífico libro del obispo emérito de San Sebastián que acaba de ver la luz 1 y, más concretamente, su primer capítulo. CELIBATO Y SEXUALIDAD Como explica D. Juan María Uriarte (pp ), en una acepción amplia es sexual todo lo que se deriva de la condición masculina o femenina de una persona y condiciona su modo de trabajar, de emplear el ocio, de pensar, de vivir la amistad, etc. En una segunda acepción, más restringida, es sexual el conjunto de reacciones, actitudes y comportamientos que se producen en una persona al relacionarse con alguien del otro sexo sin que esa relación esté orientada a lo genital ni por su propia dinámica ni por su intención. Por último en una acepción todavía más restringida que, sin embargo, tiende a monopolizar el significado de la palabra, sexual se identifica con genital, designando no solo la práctica del coito, sino también los actos previos, incluso cuando existe un propósito deliberado de no llegar hasta el final. Pues bien, el célibe se define a sí mismo como alguien que asume y vive positivamente la relación sexual en las dos primeras acepciones y renuncia, en aras de una opción religiosa o de un determinado y noble proyecto de vida, a vivirla en la acepción genital (p. 41). Por lo tanto, la plausibilidad social del celibato dependerá en gran parte de la importancia que una cultura determinada otorgue al coito, las caricias eróticas, los besos que duran dos o tres estaciones de metro, etc. D. Juan María Uriarte resume así el proceso seguido en este tema: Primero se desvinculó el ejercicio de la sexualidad genital de la apertura a la procreación. Por qué es necesaria esta apertura en todos los encuentros sexuales? Después se desprendió del matrimonio. Por qué hace falta estar casados para hacer el amor? En seguida se desenganchó la actividad genital del amor. Por qué es necesario que nos queramos para acostarnos? Hoy se desvincula el amor genital de la contraposición complementaria de los sexos. Por qué no tener relaciones con personas del mismo sexo? 2. Veámoslo con un poco más de detenimiento. DEL RIGORISMO SEXUAL A LA PERMISIVIDAD CON AFECTO A diferencia de otros países, España no fue un país puritano antes del siglo XIX. A la Inquisición española no le preocuparon demasiado los asuntos sexuales, nuestra literatura fue siempre muy natural y espontánea sobre estas cuestiones aquí nacieron dos de los mitos universales más desenfadados: La Celestina y el Don Juan y nuestros moralistas fueron notablemente abiertos para su tiempo (pensemos, por ejemplo, en el jesuita Tomás Sánchez, cuyo De sancto matrimonii sacramento, publicado a comienzos del siglo XVII, fue el manual de moral más leído en Europa). Sin embargo, en el siglo XVIII, y mucho más todavía en el XIX, diversas influencias exteriores como el calvinismo y el jansenismo en Francia o la moral victoriana en Inglaterra introdujeron en nuestro país un notable rigorismo en cuestiones sexuales. Durante las dos primeras décadas del franquismo, estuvo prohibido cualquier goce sexual fuera del matrimonio, 22

3 e incluso en su interior si no estaba abierto a la procreación. En algunos pueblos era costumbre que, al día siguiente de la boda, la madre de la novia colgara en el balcón las sábanas manchadas de sangre para demostrar que su hija había sido desvirgada durante la noche de bodas. De hecho, existía un estricto control sobre todos los espacios públicos en que era posible el encuentro entre los dos sexos. Desde 1941, cuando llegaba el verano, la Dirección General de Seguridad recordaba a los gobernadores civiles que estaba prohibido el uso de prendas de baño indecorosas, exigiendo que cubran el pecho y espaldas debidamente, además de que lleven faldas para las mujeres y pantalón de deporte para los hombres, así como la permanencia en playas, bares, bailes y, en general, fuera del agua, en traje de baño 3. Se puso como modelo a D. Francisco Planas de Tovar, gobernador civil de Valencia entre 1939 y 1943, que multó a su propio hijo por tomar el sol en la playa sin albornoz. Esa moral victoriana fue sustituida poco a poco por lo que Sanz Agüero ha llamado permisividad con afecto 4. Diversos factores contribuyeron a eso: 1. En la vida económica, la cultura del ahorro fue sustituida por una cultura del consumo. El despegue económico de los países industrializados pasó por una etapa de capitalización, en la que la virtud por antonomasia era el ahorro, y entonces no resultaba extraño trasladar también a la vida sexual esa cultura del ahorro. El doctor Marañón, por ejemplo, sostuvo la necesidad de decir a los jóvenes, y de que sean los médicos y no los curas los que se lo digan, que la castidad no solo no es perjudicial a la salud, sino ahorro de la vitalidad futura; y que la condición de hombre no se mide por el garbo con que se ejecuta el acto sexual. Por el contrario, si hay una virtud específica de esa condición de hombre, es la virtud de la renunciación 5. Posteriormente, el incremento continuo de la producción hizo necesario fomentar una cultura del consumo y, del mismo modo que había ocurrido antes con la cultura del ahorro, afectó a las costumbres sexuales. 2. La generalización de los anticonceptivos y la despenalización del aborto han permitido el acceso a un placer sin consecuencias. 3. La vida urbana ha hecho desaparecer los controles externos, porque la ciudad es un lugar donde la gente aprende a vivir con desconocidos. Según Balzac, el evangelio de las grandes ciudades es allá cada cual! La secularización de la cultura ha eliminado también buena parte de los controles internos. Según el Estudio Jóvenes españoles 2010, solo el 28,8% de los jóvenes cree que existe el pecado El contacto con otras culturas como consecuencia del turismo, las migraciones o los medios de comunicación social han difundido unos usos sexuales más libres. DE LA PERMISIVIDAD CON AFECTO A LA ANOMIA SEXUAL En los años 60 del pasado siglo, varios movimientos sociales que tuvieron gran repercusión en la opinión pública defendieron lo que llamaban liberación sexual. Citemos los dos más importantes: El fenómeno hippy nació en 1963 en la Universidad de Berkeley (San Francisco) y se extendió pronto por el mundo entero. Sus consignas eran la paz, el amor a todos, la comprensión, la tolerancia, la sinceridad, la exaltación de la naturaleza y el amor libre en las relaciones sexuales varios de sus eslóganes se hicieron famosos: Haz el amor, no la guerra, Amaos los unos encima de los otros, Haré el amor con cualquiera, con tal de que me lo pida amablemente. Sus símbolos eran las flores, las campanillas, los tambores, los collares, las flautas Unos años después, en mayo de 1968, estalló en París una revolución en la Universidad de Nanterre, al oeste de París, que se extendió en seguida al resto de las universidades y, posteriormente, dio origen a una huelga general secundada por más de nueve millones de trabajadores en toda Francia que puso contra las cuerdas al Gobierno de Charles de Gaulle. Una de las primeras reivindicaciones de los estudiantes fue el derecho a entrar libremente en el pabellón donde se alojaban las chicas. Ese alzamiento en masa contra el principio de autoridad recuerda inmediatamente el pasaje de Totem y tabú en el que Freud describe la rebelión de la horda fraterna contra el padre que tan violentamente se oponía a su necesidad de poderío y a sus exigencias sexuales 8. Varios grafitis 23

4 PLIEGO de mayo de 1968 dieron también la vuelta al mundo: Prohibido prohibir, Mis deseos son la realidad, Quien se acuesta dos veces con la misma, ya pertenece al sistema El gran gurú de la revolución sexual fue el freudomarxista Wilhelm Reich, para el cual la salud psíquica depende de la potencia orgástica, es decir, de la capacidad de abandonarse al fluir de la energía biológica sin ninguna inhibición 9. Es necesario, por tanto, no poner ningún obstáculo a la satisfacción de las necesidades naturales 10. Le parece absurda la moral sexual porque el matrimonio monógamo da nacimiento al adulterio y la castidad de las jóvenes da nacimiento a la prostitución 11 ; más absurdo todavía es pretender que el matrimonio sea indisoluble: Nadie pensará en reprochar a alguien de no querer llevar los mismos vestidos durante años o de que se canse de comer todos los días del mismo plato 12. Sostiene de modo general que nadie tiene derecho a prohibir a su pareja entrar en una relación sexual temporal o durable con cualquiera otro. No tiene otro derecho que retirarse de la relación o reconquistar a la pareja 13. El carácter neurótico se origina por la contención de la energía sexual, la estasis sexual 14. Es necesario elegir, por tanto, entre carácter genital y carácter neurótico 15. Partiendo de ahí, no es difícil imaginar lo que imagina Reich del celibato, pero oigámosle: Hace quince o veinte años constituía una desgracia para una joven soltera no ser virgen. En nuestros días, las jóvenes de todos los medios y clases sociales en grados diversos y más o menos claramente han empezado a adquirir la idea de que lo que es una desgracia es ser aún virgen a la edad de dieciocho, veinte o veintidós años 16. CRÍTICA DE LA ANOMIA SEXUAL Las ideas de Wilhelm Reich aunque rechazadas hoy por la mayoría de los sexólogos impregnan la cultura actual y resulta difícil censurarlas sin ser calificado inmediatamente como reprimido y represor. Sin embargo, no podemos concluir este artículo sin criticarlas porque, como dijo Chesterton, una generación se salva por las personas que saben oponerse a sus gustos 17. Igual que ocurre con otras muchas cosas, el empacho de sexo ha disminuido el valor de la sexualidad y ha socavado la esencia misma de los buenos encuentros sexuales. El espectador de La Dolce Vita ese clásico n o t a s 1. URIARTE, Juan María, El celibato. Apuntes antropológicos, espirituales y pedagógicos, Sal Terrae, Santander, URIARTE, Juan María, El celibato, pp ABELLA, Rafael, La vida cotidiana bajo el régimen de Franco, Temas de Hoy, Madrid, 1996, p SANZ AGÜERO, Marcos, La sexualidad española. Una aproximación sociológica, Paulinas, Madrid, 1975, p MARAÑÓN, Gregorio, Vocación y ética, Espasa- Calpe, Madrid, 1956, p. 93. (La cursiva es mía). 6. BALZAC, Honoré de, Historia de la grandeza y decadencia de César Birotteau (Obras completas, t. 3, Aguilar, Madrid, 2ª ed., 1990, p. 236). 7. VALLS IPARRAGUIRRE, Mayte, Las creencias religiosas de los jóvenes [GONZÁLEZ-ANLEO, Juan, y GONZÁLEZ BLASCO, Pedro, (dirs.), Jóvenes españoles 2010, Fundación SM, Madrid, 2010, p. 187]. 8. FREUD, Sigmund, Totem y tabú (Obras completas, t. 2, Biblioteca Nueva, Madrid, 3ª ed., 1973, p ). 9. REICH, Wilhelm, La función del orgasmo, Paidós, Buenos Aires, 4ª ed., 1972, p REICH, Wilhelm, La revolución sexual, Roca, México, 1976, p REICH, Wilhelm, La revolución sexual, p REICH, Wilhelm, La revolución sexual, p REICH, Wilhelm, La revolución sexual, p REICH, Wilhelm, Análisis del carácter, Paidós, Buenos Aires, 3ª ed., 1972, p REICH, Wilhelm, Análisis del carácter, pp REICH, Wilhelm, La revolución sexual, p CHESTERTON, Gilbert Keith, Santo Tomás de Aquino (Obras completas, t. 4, Plaza & Janés, Barcelona, 3ª ed., 1970, p. 999). 18. BROWN, Gabrielle, El nuevo celibato. Un ensayo sobre la abstinencia sexual, Grijalbo, Barcelona, 1982, p JUVENAL, Décimo Junio, Sátiras, 10, 81. Un buen análisis del panem et circenses se encuentra en VEYNE, Paul, Le Pain et le cirque. Sociologie historique d un pluralisme politique, Seuil, París, LÓPEZ ARANGUREN, José Luis, Erotismo y liberación de la mujer, Ariel, Barcelona, 1972, p PLATÓN, Fedro, (Obras completas, Aguilar, Madrid, 2ª ed., 1972, p. 862). 22. PAOLI, Arturo, Buscando libertad, Sal Terrae, Santander, 1981, p. 45. de Fellini que señaló el comienzo de su etapa simbolista percibe el mensaje de la película mucho antes de aquella escena final en que salen todos a contemplar aquel enorme e hinchado pez muerto: La dulce vida es aburrida. Muchas personas que han gozado de total libertad sexual, haciendo todo lo que querían hacer e incluso algunas cosas que no querían hacer, se descubren al final insatisfechas porque la sexualidad se ha disociado de todas aquellas cualidades que la hacían más preciada: la intimidad, la simpatía y el calor de una relación individual. No debe extrañarnos que, en algunos ambientes todavía minoritarios, la última moda consista como ha mostrado Gabrielle Brown en declararse practicante de la continencia sexual 18. Pero hay más: la tan cacareada liberación de la sexualidad, que se presentó como una gloriosa victoria sobre los tiempos del oscurantismo, no es en realidad una liberación, sino una nueva forma de conformismo que recuerda fácilmente el antiguo programa de pan y circo pensado durante la decadencia del Imperio romano para mantener entretenidas a las masas. Recordemos que, según Juvenal 19, la plebe romana pedía pan y circo (panem et circenses) y no necesitaba nada más para sentirse satisfecha. Hoy, en vez de pan y circo, sería pan y orgasmo, pero responde a la misma lógica. Como denunció Aranguren desde el primer momento, el dilema es o erotización o politización. El nuevo conservadurismo, ( ) cuando se vea perdido en los otros terrenos, jugará la carta del erotismo como estupefaciente, como nuevo opio del pueblo y, especialmente, de la parte más inquieta de este, menos tranquilizable con las drogas consistentes en gadgets, hobbies y bienestar a la americana 20. En uno de los Diálogos de Platón, el joven Fedro, fascinado por lo que oyó en una reunión de intelectuales vanguardistas, informa a Sócrates del programa de aquellos intelectuales, que podría resumirse en tres palabras: Sexualidad sin amor. Consideran deseable un máximo de placer con un mínimo de compromiso, porque la conmoción erótica es una enfermedad 24

5 romántica que solo sirve para complicar las cosas sin necesidad; lo razonable es no dejarse afectar profundamente. Los lectores actuales del diálogo platónico descubren sorprendidos que son afirmaciones muy modernas. Sócrates, aparentando estar maravillado, escucha todo lo que el crédulo e inexperto Fedro le cuenta y, por fin, le dice: Horrible, Fedro; es horrible el discurso que trajiste ; son argumentos de alguien que no ha visto jamás un amor verdaderamente libre 21. El maestro de Atenas acabó diciendo que solo los jóvenes que hubieran recibido una esmerada educación y una especial protección divina podrían evitar ser arrastrados por un ambiente semejante. También en nuestros días, quien pretenda optar por el celibato apostólico debe ser educado para la resistencia cultural y confiar en la ayuda divina. Arturo Paoli escribió: En toda persona que ha escogido el celibato por el Reino debe presentarse con todo su dramatismo, como momento espantosamente horrorífico, la verdadera soledad humana. Para mí, esta constituye la barrera del sonido del alma. Los primeros pilotos aéreos que trataron de traspasar la barrera del sonido perdieron la vida porque, al tener la impresión de topar con una superficie dura, de chocar contra una montaña, les sobrevino la reacción natural de frenar. Hubo uno más intrépido que, en lugar de frenar, aceleró, y pasó 22. EN LA ESCUELA DEL AMIGO Celibato y espiritualidad sacerdotal Alfonso Crespo Hidalgo La vocación concreta de los pastores consiste en reproducir a escala modesta e imperfecta los rasgos de Jesucristo Pastor Uno de los rasgos de Jesucristo Pastor es su celibato El alma pastoral de Jesús asume el celibato por amor a Dios, su Padre. Este amor único se expresa en una aceptación generosa e incondicional de su voluntad, es decir, de su proyecto pastoral 1. Estas palabras de un hermoso y pedagógico libro de Juan María Uriarte ponen pórtico a esta reflexión sobre celibato y espiritualidad sacerdotal. El sacerdote está llamado a identificarse con Jesucristo Pastor. La psicología distingue entre el amor de identificación y el amor de comunión. Por el amor de comunión tendemos a comunicarnos con la persona querida, a entregarnos a ella y a desear que ella se nos entregue. Así es, por ejemplo, el amor conyugal. Por el amor de identificación tendemos a asimilar las actitudes y los comportamientos de la persona a la que amamos y admiramos. Señala monseñor Uriarte: Naturalmente, nuestro amor al Señor es también amor de comunión. Pero el amor específico que le profesamos como pastores es amor de identificación. Por el amor de identificación tendemos a asimilar las actitudes y los comportamientos de la persona que amamos y admiramos 2. Es fácil concluir: si para Cristo el celibato es una de las dimensiones de su amor al Padre que le mueve a entregar todas sus energías en cumplir su plan de salvación, nuestra existencia sacerdotal se identifica con la de Jesús, cuando, como él y por él, condensamos todas nuestras energías en este cumplimiento y renunciamos para ello, como Jesús, a formar nuestra propia familia. El celibato se genera, se sostiene y se alimenta en dos pasiones: parecernos al Amigo y arriesgar toda la vida por su causa, la implantación del Reino de Dios. LA IDENTIFICACIÓN CON EL AMIGO San Juan nos presenta de forma sublime la intención de Jesús: Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor. Os he llamado amigos porque os he dado a conocer todo lo que he oído a mi Padre (Jn 15, 15). Los discípulos son elevados a la categoría de amigos, con los que comparte las confidencias de su Padre. Exhortaba Benedicto XVI en la homilía de la Misa Crismal: Ya no 25

6 PLIEGO os llamo siervos, sino amigos: en estas palabras se podría ver incluso la institución del sacerdocio. El Señor nos hace sus amigos: nos encomienda todo; nos encomienda a sí mismo, de forma que podamos hablar con su yo, in persona Christi capitis. Qué confianza! Verdaderamente se ha puesto en nuestras manos Ya no os llamo siervos, sino amigos. Este es el significado profundo del ser sacerdote: llegar a ser amigo de Jesucristo. Por esta amistad debemos comprometernos cada día de nuevo. Amistad significa comunión de pensamiento y de voluntad 3. R. Schnackenburg reflexionaba sobre esta amistad con Jesús, sobre todo desde el Evangelio de Juan: Los escritos joánicos sobrepasan, a veces, el ámbito de lo que llamamos amistad y se adentran en el pensamiento místico. Jesús es aquí mucho más que un modelo humano; nos introduce a través de su amistad en la comunión con Dios, nos hace participar en la vida divina. En Juan, como también en Pablo, ser amigo de Cristo es hacerse uno con él, un solo ser en él 4. Así, el presbítero está llamado a cultivar sus relaciones personales con Cristo, hasta llegar a una íntima comunión y armonía, en una asociación ilimitada de destino con el Señor, que le permita decir con el apóstol: Ya no vivo yo, es Cristo quien vive en mí (Gal 2, 20; cf. PO 12). Benedicto XVI, en su carta con motivo del Año sacerdotal, nos invitaba a perseverar en nuestra vocación de amigos de Cristo, llamados personalmente, elegidos y enviados por Él. La identidad sacerdotal se acredita en la intimidad con el Maestro. Él llamó a los que quiso para enviarlos en su nombre. Pero la misma estructura de la llamada, seguidme (Mc 1, 7), ya encierra un contenido peculiar de relación. Seguidme significa venid a vivir conmigo y aprended de mí. Antes de enviarlos, estos debían estar con él (Mc 3, 14), compartir su vida, habitar en su casa (Jn 1, 38s), asistir a su escuela, escuela de vida y, más tarde, de sufrimiento 5. Su enseñanza no se limita a la trasmisión de unos simples contenidos religiosos o la concreción de unas normas de conducta. Se trata de una escuela de experiencia de vida, donde la relación entre Maestro y discípulos es muy peculiar. COMPARTIR LA MISIÓN DEL AMIGO: EL EJERCICIO DEL MINISTERIO Desde esta experiencia fundante de relación con el Maestro, ser su discípulo solo se puede vivir y testimoniar desde la amistad personal, vivida y renovada constantemente, con Jesucristo, constituido el Señor de nuestra vida. Pastores dabo vobis nos habla de una vocación al sacerdocio y una vocación en el sacerdocio (cf. n. 70). El ejercicio del ministerio es la actualización constante de una vocación. La llamada inicial se prolonga en un eco continuo que reclama fidelidad, permanecer en él, como reclama la parábola de la vid en el Evangelio de Juan (cf. 15, 1-27). Toda vocación no es sino la historia de una amistad. La amistad con Jesús, la pasión por él y por su causa esto es, el Reino de Dios como reino de vida, de justicia, de santidad y de paz, compromete al sacerdote a compartir la misión. El sacerdote, amigo del Señor, tiene credibilidad evangelizadora porque ha aprendido junto al Maestro las respuestas a las preguntas más profundas del hombre, no solo con la facilidad del discurso, sino con la claridad del testimonio de su existencia. Así puede traer la luz, la vida y la alegría a la oscuridad que reina en la existencia de muchas personas. Se convierte así, como Pablo con la comunidad de los corintios, en servidor de la alegría de los hombres (2 Cor 1, 24). En esta fuente de la amistad bebe el ministerio sacerdotal. LA CARIDAD PASTORAL RECLAMA UN MODO RADICAL DE VIDA Los sinópticos vinculan profundamente seguimiento y ministerio apostólico. La misión es inconcebible sin el seguimiento. El radicalismo evangélico es una exigencia fundamental e irrenunciable, para todos los cristianos, que brota de la llamada de Cristo a seguirlo e imitarlo (cf. PDV 27). Esta misma exigencia se presenta a los sacerdotes modulada por su especial vinculación con Cristo Cabeza y Pastor y como exigencia de la caridad pastoral y el ejercicio de su ministerio. Pablo lo expresa a los Corintios en una exhortación, a veces entendida de forma reductiva a la pobreza: Que los que predican el Evangelio vivan del Evangelio (1 Cor 9, 14). Para los sacerdotes, llamados a ser ministros del Evangelio, vivir del 26

7 Evangelio es comprometerse con la escuela del radicalismo apostólico. El seguimiento es un modo alternativo de vivir que penetra toda la existencia. La expresión privilegiada del radicalismo son los varios consejos evangélicos que Jesús propone en el Sermón de la Montaña (cf. Mt 5-7) y, entre ellos, los consejos, íntimamente relacionados entre sí, de obediencia, castidad y pobreza: El sacerdote está llamado a vivirlos según el estilo, es más, según las finalidades y el significado original que nacen de la identidad propia del presbítero (PDV 27). Conviene resaltar la mutua referencia de estos tres consejos: están íntimamente unidos. Es mala pedagogía una insistencia monocorde sobre el celibato sin tener en cuenta el marco evangélico en el que es reclamado. La pobreza evangélica sirve un marco protector y de significado al celibato; la obediencia, como amor y servicio a la Iglesia y como fruto y exigencia de la caridad pastoral, enriquece su sentido. La vivencia del celibato se sitúa dentro de la configuración del presbítero con Cristo, como exigencia de disponibilidad para el Reino. El celibato es signo de participación en la paternidad de Dios y en la fecundidad de la Iglesia. En el marco del Sermón de la Montaña y el seguimiento radical del Señor, el celibato se convierte en signo de fecunda renuncia como servicio al Reino de Dios que viene. El celibato recibe también de la caridad pastoral su modulación específica: deviene signo público, efecto y estímulo sumamente valioso del amor primario y total que el presbítero y el obispo ofrecen a su Iglesia: Signo y estímulo de la caridad pastoral y fuente particular de fecundidad espiritual en el mundo (PO 16; cf. PDV 29). El celibato es un carisma que el sacerdote debe cultivar cada día y conquistarlo incesantemente: Lo que se recibe como gracia debe ganarse como fidelidad. El celibato reclama, pues, una espiritualidad propia del célibe. El amor no subsiste sino como fidelidad esforzada y en lucha 6. UNAS CLAVES DE ESPIRITUALIDAD DEL CELIBATO SACERDOTAL Una de las conquistas de la reflexión sobre el sacerdocio, recogida en Pastores dabo vobis, y en la que nuestra Iglesia española ha sido pionera, es la correlación entre identidad y espiritualidad. Una identidad bien definida genera una espiritualidad apropiada. Y esta, a su vez, la alimenta y fortalece. Se requiere, pues, una espiritualidad propia del célibe. Sin esta espiritualidad el celibato puede reducirse a un proyecto exterior de meros comportamientos célibes. La espiritualidad vivida ayuda a que el presbítero se vea, se acepte, se valore y se quiera como célibe. No basta con tener comportamientos célibes. Es preciso llegar a ser célibe. La cuestión está no tanto en guardar el celibato, sino en ser célibe 7. Monseñor Uriarte, en el libro citado, comienza su reflexión sobre la espiritualidad del celibato con una afirmación cargada de sano realismo: Somos perpetuamente aprendices de célibes en la escuela del Señor y de su Espíritu. Entre el celibato que queremos y el celibato que tenemos se sitúa el celibato que con la gracia de Dios podemos alcanzar 8. Señala unas claves de esta espiritualidad célibe, que enumeramos e ilustramos de forma sucinta 9 : El celibato es una forma existencial de aceptar a Dios como único Absoluto, en su alteridad no manipulable: Dios no se deja tener, nos tiene. Una tentación de los creyentes consiste en querer poseer a Dios. Pero Dios es siempre el Absoluto, está más allá. Ello postula soportar la oscuridad de la fe y el silencio de Dios Estar siempre a la búsqueda del Invisible. El celibato, vivir el amor y la sexualidad sin la encarnadura del amor genital, sin palpar ni ver, nos ayuda a comprender más profundamente y confesar la oscura, aunque real, experiencia de Dios que se entrega en Jesucristo, pero sin dejarse poseer ni controlar. Nuestro celibato, bien construido y vivido, puede llevar a los creyentes a percibir mejor que Dios no se deja poseer ni manipular. Dios es Dios, Él es el único Absoluto. El celibato es una expresión del seguimiento de Jesús y de la aceptación de Cristo como Señor: el celibato no es concebible ni realizable sino en el contexto del seguimiento. Somos célibes por Jesús. Porque, identificados con él, queremos vivir su mismo estilo de vida y al servicio de sus mismos ideales. Una razón altruista, por generosa que 27

8 PLIEGO sea, será tal vez capaz de suscitar una opción libre, pero habitualmente tendrá serias dificultades para mantenerla. El celibato, en palabras de Pablo VI, es una elección exclusiva, perenne y total del único y sumo amor de Cristo 10. El celibato es una forma de vida alternativa, bajo la luz del Espíritu: la persona del Espíritu es don, libertad, amor. El célibe está llamado a ser don para todos, con una nueva forma de amar sin pedir la exclusividad ni necesitar la posesión; es imagen del amor trinitario y anticipo del amor que viviremos en la vida eterna, donde ya solo amar será nuestro ejercicio 11. El celibato bien construido reviste al célibe de una libertad que rompe cualquier cadena afectiva, bien anclada en personas o enredada en la posesión de cosas: objetos materiales, cargos, prestigios El celibato es un signo y estímulo de nuestra entrega a la comunidad eclesial: el Buen Pastor (cf. Jn 10), el Mayoral de los pastores (cf. 1 Pe 5, 4), encomendó a un grupo de discípulos la misión de hacer crecer y de multiplicar aquel primer y pequeño rebaño. Al recibir este encargo, hemos sido revestidos de una virtud central y característica de nuestro ministerio: la caridad pastoral. Toda nuestra entrega a la comunidad de Jesús está inspirada y regulada por la caridad pastoral. El celibato es signo y estímulo de la caridad pastoral (PDV 29). El presbítero pone su corazón allí donde está su comunidad. Es su lote hermoso (cf. Salmo 15). Este amor a la comunidad retroalimenta su celibato y lo consolida, lo hace menos costoso y más gozoso. El celibato es una apuesta decidida y significativa por los valores del Reino: la caridad pastoral del presbítero incluye, en la medida en que es prolongación de la caridad pastoral de Jesús, la debilidad por los pobres. Son muchos los que hoy son pobres de amor. El celibato es también una forma de solidaridad con los pobres en amor. Es también un signo de renuncia al poder. Célibe es aquel que no posee a nadie ni es poseído por nadie en exclusiva, para expropiarse por Jesucristo, su comunidad y su Reino: El celibato por el Reino de los cielos es n o t a s 1. URIARTE, Juan María, El celibato. Apuntes antropológicos, espirituales y pedagógicos, Sal Terrae, Santander, 2015, p Ibíd., p BENEDICTO XVI, Homilía en la Misa Crismal (13- III-2006). 4. SCHNACKENBURG, Rudolf, Amistad con Jesús, Ediciones Sígueme, Salamanca, 1998, p Cf. KASPER, Walter, El sacerdote, servidor de la alegría, Ediciones Sígueme, Salamanca, URIARTE, Juan María, Una espiritualidad sacerdotal para nuestro tiempo, Sal Terrae, Santander, 2010, pp. 137 s. 7. URIARTE, Juan María, El celibato. Apuntes antropológicos, espirituales y pedagógicos, p El autor cita a Saturnino Gamarra, Manual de espiritualidad sacerdotal, Monte Carmelo, Burgos, 2008, p Ibíd., p Ibíd., pp PABLO VI, Sacerdotalis coelibatus, SAN JUAN DE LA CRUZ, Cántico Espiritual 19; cf. 1 Cor, URIARTE, Juan María, El celibato. Apuntes antropológicos, espirituales y pedagógicos, p El autor cita a Elías Royón, El celibato y el ministerio: reflexiones teológicas en orden a la formación, en Vocaciones 107 (1985), p JUAN PABLO II, Familiaris consortio, n FRANCISCO, Homilía en la Misa Crismal (17-IV- 2014). 15. Ibíd. capaz de introducir así en las relaciones humanas, marcadas frecuentemente por la posesividad, un tipo de amistad y de afecto cuya gracia específica será la de ser liberadora por ser gratuita 12. El celibato tiene un sentido profético y escatológico: aunque no somos célibes primariamente por razones proféticas, el celibato denuncia también la banalización del sexo, su visión restrictiva, su disposición a ejercer el dominio inhumano sobre personas; reivindica una concepción y vivencia más rica y humana del amor sexual y reclama una mejor educación de esta dimensión fundamental del ser humano. El celibato tiene también una dimensión escatológica, históricamente resaltada. Hoy, factores culturales han acentuado el miedo a la muerte y debilitado la pregunta sobre el más allá. Es oficio sacerdotal el anuncio de la esperanza de la vida eterna. Los consejos evangélicos en su conjunto, vividos con honesta fidelidad, constituyen un testimonio en esta dirección. En el celibato, el hombre está a la espera, incluso corporalmente, de las bodas escatológicas de Cristo con la Iglesia, dándose totalmente a la Iglesia con la esperanza de que Cristo se dé a esta en la plena verdad de la vida eterna. La persona virgen anticipa así en su carne el mundo nuevo de la resurrección futura 13. TESTIGOS DE LA ALEGRÍA DE LA FIDELIDAD El papa Francisco ha constituido a la alegría como una franquicia esencial de su ministerio. Dirigiéndose a los sacerdotes, habla de una alegría custodiada por el rebaño y custodiada también por tres hermanas que la rodean, la cuidan, la defienden: la hermana pobreza, la hermana fidelidad y la hermana obediencia. El Papa ha sustituido castidad por fidelidad 14. El sacerdote es pobre en alegría meramente humana, ha renunciado a tanto! Y como es pobre, él, que da tantas cosas a los demás, la alegría tiene que pedírsela al Señor y al pueblo fiel de Dios. No se la tiene que procurar a sí mismo. Las fuentes están en la 28

9 intimidad con el Señor y la entrega generosa a su pueblo. Mirando al sacerdote, Francisco reflexiona sobre la alegría de la fidelidad, una alegría genuina y plena: La de ser sacado del pueblo al que uno ama para ser enviado a él como dispensador de los dones y consuelos de Jesús, el único Buen Pastor que, compadecido entrañablemente de todos los pequeños y excluidos de esta tierra que andan agobiados y oprimidos como ovejas que no tienen pastor, quiso asociar a muchos a su ministerio para estar y obrar Él mismo, en la persona de sus sacerdotes, para bien de su pueblo 15. Contemplando las distintas edades de los sacerdotes, el Papa da una serie de recomendaciones para vivir la alegría del ministerio, signo de la fidelidad. Transcribimos una síntesis: La fidelidad requiere, en los sacerdotes jóvenes, que el brillo alegre de sus ojos nazca del gozo de la intimidad con el Amigo y del ardor evangélico. Y suplica por ellos: Cuida, Señor, en tus jóvenes sacerdotes la alegría de salir, de hacerlo todo como nuevo, la alegría de quemar la vida por ti!. La fidelidad reclama confirmar la alegría de los que tienen años de ministerio; esa alegría que, sin abandonar los ojos, se sitúa en las espaldas de los que soportan el peso del ministerio, esos curas que ya han tomado el pulso al trabajo, reagrupan sus fuerzas y se rearman. Por ellos intercede: Cuida Señor la profundidad y sabia madurez de la alegría de los curas adultos. Que sepan rezar como Nehemías: la alegría del Señor es mi fortaleza (cf. Ne 8, 10). La fidelidad agradece el resplandor de la alegría de los sacerdotes ancianos, sanos o enfermos. Es la alegría de la Cruz, que mana de la conciencia de tener un tesoro incorruptible en una vasija de barro que se va deshaciendo. Y por ellos intercede: Que sepan estar bien en cualquier lado, sintiendo en la fugacidad del tiempo el gusto de lo eterno (Guardini)! Que sientan, Señor, la alegría de pasar la antorcha, la alegría de ver crecer a los hijos de los hijos y de saludar, sonriendo y mansamente, las promesas en esa esperanza que no defrauda!. ESCULPIRSE CÉLIBE José María Fernández-Martos, SJ Me alegra comentar el libro de monseñor Uriarte. Al escribirlo, devuelve a la Iglesia y a sus hermanos sacerdotes sus estudios especiales, su maduración personal, su experiencia celibataria y sus muchos encuentros con sacerdotes en gloriosas o decaídas versiones. Amplio y sereno estuario de sabiduría matizada y honda. Hay libros más competentes que el de Juan María en aspectos parciales del tema (sexualidad, psicoanálisis, desarrollo humano, neurofisiología, etc.). Pero este entra en el póquer de libros de referencia ( podría habernos regalado su consejo bibliográfico?) para obispos, rectores de seminarios, formadores, sacerdotes, seminaristas y cristianos comprometidos. En lo formal, da placer su castellano sencillo y terso ( y es vasco!), sus adjetivaciones, sus frases cinceladas. Más adentro, su interdisciplinariedad, su destilar sabiduría y experiencia en cada línea. Todavía más en la médula, su amor al celibato y su fe compasiva hacia el hombre, evitadora de condenaciones. Su valentía y franqueza de siempre en fronteras discutidas (unión de celibato y sacerdocio, orientaciones homosexuales, amor heterosexual), su amor al Amor en todas las versiones en las que el hombre lo conjugue. Y muy en el centro su discreta por vasca pasión por el que habita el corazón de todo célibe en búsqueda siempre de autenticidad. Sabe que, más acá de cierta salud y magnanimidad y un Encuentro personal fascinado, el celibato decae. Engarzo mi comentario con el dicho clave de Jesús sobre el celibato: No todos pueden con eso que habéis dicho, solo los que han recibido el don. Hay eunucos que salieron así del vientre de su madre, a otros los hicieron los hombres y hay quienes se hacen eunucos por el reinado de Dios. El que pueda con eso, que lo haga (Mt 19, 11-12). Todo está aquí encerrado: Es don: Los que lo han recibido. Hay que discernirlo entre celibatos enfermizos: Salieron así del vientre de su madre ; otros los hicieron. Hay que construirlo desde la libertad: Se hacen eunucos. Solo es legítimo el hecho por el Reino. Sopesar si se puede llevar con holgura: El que pueda con eso, que lo haga. Comentaré todo lo relativo al Celibato, patología o madurez; Celibato sacerdotal y libertad; y Celibato holgado o arrastrado. Luis González-Carvajal y Alfonso Crespo, por su parte, abordan lo cultural y la espiritualidad, respectivamente. 29

10 PLIEGO CELIBATO PATOLÓGICO O MADURO Solo el Reino puede legitimar una amputación eunucos, los llama Jesús tan vital. Uriarte duda sobre el contexto en que aparece la cita de Mateo, parecería que para apoyar su viabilidad y, de rebote, la del matrimonio indisoluble. Sin embargo, la frase de Jesús, el que pueda con ello (v.12), deja claro que él está proponiendo algo que bordea y desafía las más altas cimas del crecimiento humano y del avance espiritual. Uriarte, consciente de ello, desglosa larga y finamente qué es madurez psicológica. Destaco como especialmente difícil de lograr hoy lo que el autor llama unidad interior. Las etapas del celibato, como retorcidas y empinadas callejuelas, buscan la Plaza Mayor de una integración agradecida mantenida en él y con paz. Aunque reciamente asediada esta unidad del joven, disperso para centrarse en lo de arriba (Col 3, 2) y para dedicarse a él en cuerpo y alma (1 Cor 7, 34). La pantallaesfera ha desatado la pasión por verlo todo cegando al Invisible, pionero y consumador de la fe (Heb 11, 31 y 12, 1). Una pedagogía del celibato debe transmitir que solo crece con una fe viva quien, con sobriedad de los sentidos, perfora el mundo habitado por él. Esto conlleva crearse un paisaje en el espacio interior donde, con María, aguante dando vueltas tratando de comprender (Lc 2, 51). Sin este espacio no hay diálogo con el que invitó a esta aventura, y el celibato se pone en peligro: Confiarán en ti los que tienen trato contigo (Sal 9, 11). Urge educar para la soledad y la escucha del propio corazón (Prov 4, 23). Uriarte: La vida célibe del presbítero no puede ser ni grata, ni fecunda, ni auténtica si no accede a una armonía entre la interioridad y la exterioridad. Uriarte coincidiría con su paisano Unamuno: En vez de decir adelante! O arriba!, di adentro! Recógete en ti mismo para mejor darte a los demás todo entero e indiviso. Muy ajustadas son sus observaciones sobre la ilusoria pretensión de absoluto (p. 87); las amistades heterosexuales (pp ), con el prudente consejo de poner tierra de por medio en los enamoramientos; la masturbación (pp ); las orientaciones homosexuales y el sacerdocio. Quizás cabría haber planteado el nuevo interrogante que la Psicología señala al demorarse unos 8 o 10 años moratorium de identidad el acceso a una identidad suficientemente aclarada. Este aplazamiento da cuenta de abandonos tempranos del sacerdocio, recibido sin una identidad contrastada y expuesto a la intemperie de un viento contrario. Lo que requiere mucha lucidez de los formadores para calibrar este desfase entre madurez y compromiso y sondear los motivos oscuramente barruntados e incluso inconscientes. Unificadas las razones y las motivaciones? CELIBATO Y LIBERTAD Algo no tocado es la especificidad del celibato del religioso con voto de castidad, elegido libre y directamente y no como requisito, pues la obligación del celibato para el sacerdote no les afecta. Atinadamente observa Uriarte: Si la ley absorbe y niega el deseo, se amortigua sensiblemente la espontaneidad, la vitalidad y la alegría del ser humano. Esta conexión entre deseo y ley desvirtúa o exaspera el deseo?. Con gran finura analiza el par deseo y proyecto. A un casado le puede ir muy mal el proyecto (profesión, trabajo), pero bien su deseo (vida conyugal y familiar). Desajustes en un campo son compensados por plenitud en el otro. No es así en el sacerdote célibe: Ha puesto su corazón allí donde está su obra. Su familia y su tajo se funden en la comunidad cristiana. Arriesgada unión de gloriosas fecundidades y de catastróficas esterilidades. El célibe bien realizado impregna su trabajo de una intensa y afectiva dedicación. Como fruto de la sublimación, todo un mundo de interés, de afecto, de pasión se transfiere sobre el objeto de su tarea. De tal célibe, huye la rutina, y el cansancio se supera. Si la condición célibe no se asume, la tarea pastoral se descuida o puede convertirse en vehículo de un deseo erótico que busca, camuflado, aquello a lo que ha renunciado oficialmente pero no verdaderamente. Descuidada la vida en el Espíritu inicialmente, sin advertirlo; pero, más tarde, sin poderlo 30

11 atajar, se alimentará de la enjundia afectiva de sus ovejas (cf. Ez 34, 2). Patética realidad: profesión pública de lo sublime, realidad personal de lo más torpe y fracasado. No basta con decir que el seminarista ya conocía de antemano esa conexión: Es preciso estimarlas. No basta estimarlas; es preciso apreciarlas como valores que han de configurar mi propia existencia. Hoy, esta apropiación unificada no está felizmente lograda en algunos sacerdotes y seminaristas. Habiéndome codeado cuatro años en Inglaterra con pastores casados, no me hago ninguna ilusión con la otra alternativa Acertada resulta la insistencia de Juan María sobre pobreza o austeridad sacerdotal como libertad de bienes que atan o distraen. Las grandes renuncias pierden su ímpetu en libertades embarrancadas en la posesión de nuevas tecnologías, objetos materiales, bienes económicos, puestos relevantes que pueden convertirse en restricciones de aquella libertad. El sacerdote rodeado de caprichos y de coches sobresalientes rebaja su celo pastoral. Decía Juan de la Cruz: Cuando reparas en algo, dejas de arrojarte al todo. Curioso. A ejercicios para el clero, los más jóvenes conducen coches de más alta gama! El crédito sacerdotal crece cuando los feligreses comprueban que su cura no se monta su propio bienestar ni mira por el dinero. Ahí detectan a qué señor sirve en verdad. Quien ama la pobreza dirige sus pasos hacia pobres y humillados CELIBATO Y FASCINACIÓN Que lo haga. La holgura puede provenir de la salud o capacidades del sujeto, pero también de la historia sexual y afectiva antes de entrar en el seminario. La sobrecarga de experiencias previas no se clausura con una conversión religiosa o una vuelta a la fe. Las capas del psiquismo son muchas, y no todas se convierten al mismo tiempo ni se purifican con un volantazo de los estratos superiores. Una historia agitada tendrá que reduplicar los cuidados. Zamora no se tomó en una hora ni todos han sido subyugados por la mirada de Jesús: Sígueme. Me detengo en otra fuente de la falta de holgura : Jesús fue célibe no por comodidad ni porque despreciase la sexualidad o tuviera miedo de la mujer, sino porque estaba fascinado hasta lo más profundo por el Reino de Dios. La fascinación del tesoro permite vender todo (cf. Mt 13, 44-46). La fascinación disipa los ideales de baja intensidad. Las grandes cumbres se escalan desde la seducción de la cima Sin fascinarse no se pasa de la continencia combatida al celibato apasionado. A los celibatos arrastrados se les diluyó la fascinación, si es que la hubo. Fascinarse es ser cautivado por una dimensión de la experiencia humana que, para otros, puede ser importante, pero no dominante: la tienen los intelectuales, científicos, poetas, adoradores. El fascinado relativiza todo lo demás. Aconsejaba Nureyev, moribundo, a un joven bailarín: Si puedes vivir sin la danza, déjala inmediatamente; métete en ella en cuerpo y alma. Déjate devorar por tu profesión. Que cada vez bailes como si fuese la primera o la última vez. Hay célibes-taxi con luz verde listo para acoger viajeras Decía Carla Suárez, arrebatada por el tenis, en El País del pasado 4 de mayo: Siempre quiero más y por eso trabajo al máximo; no puedo permitirme otra cosa. Para dedicarte a esto, debes ser muy fuerte mentalmente, pero no solo ahora, sino desde que empiezas. Debes sacrificar muchas cosas. No es fácil dejar en un segundo plano a tu familia, a tu casa. No todo el mundo está dispuesto ni preparado, porque el sacrificio es muy grande. Esto hay que valorarlo.

12 PLIEGO De más alcurnia, el Diario de Cézanne revela su fascinación ante la belleza del monte Sainte-Victoire: He atrapado el motivo! Sí, hay que llegar a esto si me desvío más de la cuenta se va todo al carajo. La red bien prieta, sin agujeros por donde se pueda escapar la emoción, la luz, la verdad. Pongo el mismo impulso para agrupar todo lo que anda desperdigado? La naturaleza es siempre la misma; nuestro arte, en cambio, le mete el temblor Voy cogiendo sus tonos, sus colores, sus matices, de aquí, de allí, a derecha, a izquierda, por donde sea, los retengo, los acerco Se vuelven rocas, árboles, sin que me entere. Por poco que me distraiga o desfallezca catacrac! El artista ha de callar las voces de sus prejuicios, olvidar, crear silencio, ser eco perfecto Ha de obedecer a dos textos la naturaleza vista y la sentida dentro, que deben amalgamarse para tener una vida mitad humana, mitad divina; la vida del arte y la vida de Dios. El Monte. Qué ímpetu, qué sed imperiosa de sol, y qué melancolía, al atardecer, cuando todo su volumen se desploma! Cuando pasan nubes grandes, dejan caer una sombra que se estremece de roca en roca, como si hubiera una boca de fuego que enseguida la quemara y se la bebiera!. Fascinado también estuvo Van Gogh por el verdinegro de los cipreses o el amarillo de los girasoles; olvidado de sí y sonámbulo de asombro. Su obra es espejo donde se reflejan sus estados anímicos. Regresa de pintar, agotado, abstraído e incapaz de atender a lo cotidiano. Así también el célibe, expropiado a favor de sus destinatarios. Sacerdocio célibe: arte u oficio? Fascinación de Juan de la Cruz: Oh cristalina fuente, / si en esos tus semblantes plateados / formases de repente / los ojos deseados / que tengo en mis entrañas dibujados!. Fascinado también Ignacio en su Diario: Tantas lágrimas y tan continuas y, perdiendo el habla, que me parecía que cada vez que pronunciaba el nombre de Dios, Dominus, etc., entraba Dios tan dentro de mí, con un acatamiento y humildad reverencial tan admirable, que parece que no se puede explicar. Hoy el celibato ha de ser místico! El tiempo del fascinado se convierte en bien precioso, avaramente administrado. Puede parecer despistado, como Kandinsky: Sus ojos abiertos deben mirar hacia su vida interior y su oído prestar siempre atención a la necesidad interior. Por eso, busca modos de soledad o distanciamiento. El taller del artista, el estudio del intelectual, el oratorio del religioso son espacios sagrados, donde, con calma y pasión, buscan brillos nuevos del objeto perseguido. Esta separación configura un estilo de vida que facilita la búsqueda absorbente del objeto fascinante. Este estilo quizá le haga más extraño y molesto para el entorno. Los fascinados comprenden a gentes cazadas por cualquier pasión. Hay quien transforma las circunstancias de la vida que llevaron en soltería en un celibato de muchos quilates por el Reino. Pregunto: abundan celibatos fascinados por Cristo y la parcela de su Reino confiada? Todo basura con tal de ganar a Cristo? (cf. Filp 3, 7ss). Para el célibe fetén Jesús no solo es central, sino absorbente. Él conserva y cuida dimensiones de lo humano que parecen lujo marginal, pero que salvan lo más sustancial: el amor entregado más allá del sexo. Son regalo envenenado. El fascinado fascina. El santo es fuego y, como él, fascinante. Dice Gaston Bachelard: El amor, la muerte y el fuego están unidos en un idéntico instante. Lo efímero, a causa de su sacrificio en el corazón de la llama, nos brinda una lección de eternidad. La muerte total y sin vestigios es la garantía de que nosotros partimos hacia el más allá íntegramente. Perderlo todo para ganarlo todo. Incendiario Jesús: Fuego he venido a traer a la tierra y qué quiero sino que arda (Lc 12, 49). Se puede con el celibato, si se arde! El fascinado u oblativo no se aburre, de guardia oteando a ver qué me dice, qué responde (Hab 2, 1; cf. Jr 37, 17) y, en su ministerio, busca ovejas que no son de este redil (cf. Jn 10, 16). Se aburre el avaro de su tiempo y bienestar, que no cae en pecados de la carne (una complicación), pero nunca se desmelena por otros. Pared bien encalada, pero inerte. No avanzaré ni un centímetro más de lo que él avance en mí (Jn 15, 7). Robemos a artistas, santos y hombres de ciencia su pasión por recobrar el amor primero (Ap 2, 4). No es libro para simple lectura, sino para la meditación y la hondura. 32

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